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Las Brumas de Belgrado.

  • Foto del escritor: Camilo Muñoz Cortes
    Camilo Muñoz Cortes
  • 16 ene 2023
  • 2 Min. de lectura

Sacci pregunta la hora a su segundo, corre el minuto 64. Arrigo cierra sus ojos, sabe que la cosa no pinta bien. Van perdiendo 1-0 contra Estrella Roja, están con 10 desde la expulsión de Virdis. Es uno de esos días, en que nada se da, toda Belgrado, (aún) toda Yugoslavia gritan desde las tarimas, la bruma baila entre el césped y los botines. No hay forma, su Milan va a quedar eliminado. Ya se imagina lo que vendrá una vez su avión de fracasados cruce el Adriático. Berlusconi no tendrá clemencia, nadie la tendrá, el Inter de Trapatoni se escapa en la punta. Suspira entre la niebla, Berlusconi fue claro, lo único que sirve es la orejona, esa que se escapa, que se esfuma como la neblina que rodea el balón. Ya no podrá cambiar al futbol. Se hablará que le ganó una liga a Maradona pero que fracasó en Europa, no se le recordará como técnico sino como un simple zapatero. Recordará toda su vida ese maldito minuto 64 en que entendió que su sueño se acababa, que la historia se le escapaba. Minuto 65, abre los ojos, porque los valientes mueren de pie. No entiende que pasa, los yugoslavos están alocados alrededor del colegial Alemán. Van Basten suspira, Maldini y Baresi dejan escapar una sonrisa, esas del que sabe que se ha salvado. La niebla es demasiado, el partido queda suspendido. Las reglas son claras, se debe repetir todo al día siguiente como si nada, la pesadilla queda borrada. Los dioses del futbol han intercedido, les tocaba, sus jugadores tienen una chance más de ser inmortales. Al día siguiente, el partido queda en empate a 1 y su Milán pasa por penales. Lo demás es historia, la suerte del campeón.

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